Comentarios a “Con Sueños se Escribe la Vida” de Salvador Sánchez Cerén, (Leonel González).

Por Eduardo Espinoza

A pesar de que me incorporé a las FPL en 1975, la primera vez que tuve noticias de Leonel González no fue sino hasta 1983, luego de los lamentables sucesos que culminaron con la muerte de Ana María y Marcial. Fue precisamente Douglas Santamaría, en las faldas del Cerro Buena Vista de San Vicente, mientras nos tomábamos una taza de café en mi tienda de campaña, quien a instancias mías me contó brevemente que el nuevo primer responsable de las FPL era un profesor que había estado muy ligado a las luchas de ANDES 21 de Junio y a la construcción del BPR.

La marcha de la guerra no daba entonces muchas oportunidades para vacilaciones, la lucha era intensa, la zona en que combatíamos era difícil y nos encontrábamos en un período de auge de nuestras fuerzas, así que no tenía muchas dudas de que lograríamos salir delante de la dura prueba que suponía perder a nuestro primer y segundo responsables. Pronto pude darme cuenta que la fe en la elección de Leonel estaba sustentada sobre bases firmes, fruto de una prolongada experiencia de conducción colectiva en las condiciones mas adversas en las que había surgido y se había desarrollado nuestra organización.

Unos cuantos meses después, a finales de Noviembre de 1983, fui trasladado a Chalatenango con la misión de organizar la maniobra logística que debía garantizar el aniquilamiento de la 4ª Brigada en el cuartel El Paraíso de Chalatenango.

Tengo muy gratos recuerdos de este operativo, no solamente por la incuestionable victoria militar y el efecto moralizante que desencadenó en nuestra lucha, sino también porque durante los preparativos me reencontré con Douglas Santamaría con quien habíamos combatido juntos en el Frente Paracentral, con Dimas Rodríguez que había sido mi primer responsable en la guerrilla y también con muchos otros compañeros con los que habíamos interrumpido comunicación a raíz de nuestra dislocación en los diferentes Frentes de Guerra.

Debido a mi condición de médico y a mi temprana incorporación a la guerrilla, casi todos los compañeros de extracción urbana con algún nivel de conducción habían sido mis pacientes en alguna oportunidad: Marcial, Ana María, Dimas, Douglas, Milton se contaban entre ellos pero a este hombre de andar pausado, de complexión robusta, sonrisa franca y conversación profunda, no le recordaba.

Muchas veces me he preguntado a que se debió este desconocimiento que tenía de su vida y trayectoria habiéndome incorporado al igual que Leonel tempranamente a las FPL. La respuesta no puedo más que atribuirla a las estrictas normas de clandestinidad que regían nuestra vida guerrillera en los inicios.

Entonces, fue a partir de este primer encuentro que tuve la oportunidad de trabajar de primera mano con Leonel. Me impresionó entonces la modestia y humildad de aquel hombre que tenía la primera responsabilidad de la organización guerrillera más poderosa del país y que no parecía darse cuenta o importarle muy poco el poder que detentaba como consecuencia de sus decisiones.

Luego de ese primer encuentro, trabajaría con él muchas veces y pude aprender de él su sistematicidad y orden en el trabajo, la cuidadosa consideración y conocimiento íntimo de hasta los más ínfimos detalles de nuestro trabajo y sobre todo una intensa solidaridad que, aunada a sus otras características, nos hacía tenerle respeto sin necesidad de que lo requiriera y poner en práctica con confianza sus orientaciones.

Apreciaba entonces que una de sus mejores virtudes era la valoración justa y oportuna de las cualidades y debilidades de los cuadros y combatientes para asignarles una responsabilidad a la medida de su potencialidad. Una síntesis de esto puede encontrarse en una frase de su libro que liga la unidad con la transformación revolucionaria de la sociedad: “…en la Sociedad cada quien juega su papel según el nivel de concientización y ello permite que cada hombre y mujer en tanto ciudadanos, asuma un compromiso con la revolución”

Existe un hecho adicional que vino a aumentar mi curiosidad por la vida y la personalidad de Leonel: resulta que luego de la ofensiva de 1989, en razón de mis tareas revolucionarias, me vi obligado a radicarme temporalmente en Guatemala. Cuando me asignaron la tarea, solicité que me ayudaran a fortalecer un tanto mi coartada en el lugar que debía ser mi local guerrillero en ese país con una persona que infundiera confianza y credibilidad en el vecindario, a fin de alejar sospechas por nuestros movimientos. Para mi sorpresa me confiaron a la Tía Zoila, una anciana y dulce guerrillera a la que sabía yo muy cercana a la familia de Leonel y de quien habla con mucho amor en su capítulo II De Maestro a Clandestino, cuando relata como se convirtió en una madre para Verónica (Margarita) y en una abuela para los hijos de ambos.

La Tía Zoila hizo lo propio en Guatemala tanto conmigo como con mi hijo Jaime. Cuando regresábamos de nuestras tareas revolucionarias, nos mimaba y nos daba el afecto que no podíamos tener de nuestra familia por la lejanía y las circunstancias propias de la guerra. En sus conversaciones con nosotros cuando por alguna razón mencionábamos a Leonel o su familia sus ojos se humedecían espontáneamente.

Hoy, la Santíos, como es el nombre real de la Tía Zoila, ha regresado a su pueblo de siempre: El Jocote, donde según Leonel relata en su libro, recién graduado, impartía clases en la Escuela Rural Mixta del Cantón y donde la conoció a ella y a su esposo Aurelio, legendario guerrillero y mártir de la revolución. Allí, al igual que Leonel, le visitamos cada cierto tiempo, cuando la nostalgia nos recuerda que tenemos allí a una madre que nos abrió generosamente su corazón.

Es por todo ello que la lectura de su autobiografía ha sido muy gratificante, muy satisfactoria. Ha llenado grandes vacíos que tenía en la comprensión mas integral tanto de la personalidad de Leonel González como de la historia de las Fuerzas Populares de Liberación y del FMLN mismo.

El libro de Leonel González reúne muchas cualidades:
En primer lugar está escrito en un estilo sencillo y ameno, cualidad muy difícil de lograr, seguramente derivada de su formación como profesor y sobretodo ligada a su práctica en la escuela básica primaria como lo hace constar en el capítulo II de su libro.

En segundo lugar constituye un testimonio histórico impresionante, ordenado y sistematizado por uno de los protagonistas más autorizados y respetados del conflicto, surgido de una de las etapas mas estremecedoras y convulsas de nuestra historia. Las fechas, la descripción precisa de los hechos, la caracterización de los protagonistas es absorbente y emocionante. No hay duda que en otras circunstancias, este libro seguramente sería un texto obligado para estudiar nuestra historia contemporánea.

En tercer lugar nos da una visión innovadora de los momentos en que se libró el conflicto armado en El Salvador. He leído muchos de los testimonios redactados por diversos actores en el conflicto que me han dejado un mal sabor debido a un afán de protagonismo que va más allá de la realidad, queriendo atribuirse logros, responsabilidades y decisiones que a todas luces no les corresponden. En el libro de Leonel no vemos eso; lejos de ello, su autobiografía es una glorificación del quehacer colectivo, es una reivindicación de la memoria histórica de una lucha que involucró a centenares de miles durante muchos años, a la gesta heroica de todo un pueblo por su dignidad, sus derechos y por su supervivencia.

Es por ello que la lectura del libro en su globalidad permite al lector nóvel, me refiero a los jóvenes que eran muy jóvenes cuando se firmaron los Acuerdos de Paz o que nacieron en estos días, entender las circunstancias en que se generó y desarrolló el conflicto.

En cuarto lugar es una clara advertencia a que no se repitan nunca mas las circunstancias del conflicto “el futuro de nuestro país, dice Leonel, es una página que ya estamos escribiendo y en la que nuevas gestas colectivas subrayarán los contenidos sociales y políticos de un nuevo país que aún en estos días nos recuerda excesivamente el pasado” es esta una frase ambivalente de esperanza pero también evocatoria de que como también cita al inicio de su libro “… en cierto modo la vida es un eterno retorno…” recordándonos de alguna manera, que el sufrimiento de los pueblos tiene límites que cuando se rebasan conducen a situaciones extremas, como cuando también afirma con propiedad que “Ahora nuestro pueblo busca una vida mejor dentro del sistema económico y social vigente, está por verse si es posible lograrlo pacíficamente, sin rupturas violentas que destruyan el aparato de dominación de los grupos dominantes”

En quinto y último lugar quiero hacer constar que “Con sueños se escribe la vida” es un testimonio que refleja en cada una de sus páginas el profundo humanismo que caracterizó a los revolucionarios de este período trascendental de nuestra historia. No se trataba de superhéroes ni mucho menos. Se trataba de gente sencilla, de extracción popular pero que tenían una sólida escala de valores forjada en el seno de familias solidarias y sensibles. Eran personas llenas de amor, amor que rebosaba y trascendía de ellos para ser entregado generosamente a sus semejantes con quienes compartían su sufrimiento y aspiraciones. Personas de las que uno encuentra todos los días en las calles y en el trabajo, pero que sus particulares circunstancias de vida les hizo ser intolerables ante las inequidades, las injusticias, el dolor ajeno y el abuso de poder.

Quiero finalizar agradeciendo a Leonel y a Claudia el solicitarme y permitirme comentar su libro. No me cabe la menor duda de que a medida que el tiempo pase, las emociones se decanten y las pasiones electorales se calmen, el valor educativo, histórico y profundamente humano de “Con Sueños se Escribe la Vida” será cada vez mas evidente para propios y extraños.

Ojalá y las nuevas generaciones lo lean con espíritu crítico como testimonio de lo que fue y no debería volver a ocurrir. Obviamente esto requiere mucha comprensión e inteligencia, sobretodo de quienes detentan el poder.

Ojalá y las nuevas generaciones logren extraer del libro de Leonel las valiosas lecciones que encierra cada uno de sus capítulos.

Ojalá que por esta vez, la historia no se repita.

Gracias.

Presentación del Libro “Con Sueños se Escribe la Vida” de Salvador Sánchez Cerén, el 12 de marzo de 2008 en la Universidad Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Chalatenango.