Universidad y memoria*

A propósito de Con sueños se escribe la vida, de Salvador Sánchez Cerén

 

 

Debo decir en primera instancia, sin ánimo de parecer prejuicioso, que personalmente me he llevado una agradable sorpresa al leer Con sueños se escribe la vida. Se trata de un libro escrito con un talento narrativo que a veces uno no espera de quienes han concentrado sus esfuerzos vitales más en lo político que en otras esferas; es un libro que se lee con facilidad, que se lee con sumo placer. Es igual de satisfactorio que un proyecto tan interesante, de alcance internacional, como Ocean Sur, esté publicando libros de autores salvadoreños como Schafik Hándal, Roque Dalton y ahora Salvador Sánchez Cerén.

 

Es necesario considerar como segundo punto partida que Con sueños se escribe la vida traslada una visión íntima del proceso de guerra y de los procesos políticos salvadoreños posteriores. Es un texto que posee toda la carga personal que le corresponde a una autobiografía. En consecuencia, los análisis, los juicios críticos, las condescendencias y todos las perspectivas plasmadas en el libro se encuentran inequívocamente vinculadas a la formación vital del autor. Pero no solamente eso, también se encuentran influenciadas por su vivencia política de hoy y por sus propias expectativas para el futuro del país.

 

Casi desde sus primeros días de exposición pública Con sueños se escribe la vida se convirtió en un libro polémico. Gente de diversas posturas políticas ha expresado públicamente sus opiniones. Y es totalmente natural que este tipo de relatos susciten reacciones extremas, como ha sido el caso de José Antonio Morales Carbonell. No obstante, me parece que estas críticas precisamente pierden de vista que Con sueños se escribe la vida es un texto autobiográfico, impregnado hasta la médula de la visión personal de Sánchez Cerén.

 

Y dado que quienes comentamos también estamos atados a nuestros enfoques particulares, no quiero peder oportunidad de aclarar que mis valoraciones las hago desde dos puntos de vista muy específicos: como joven universitario en estos días difíciles que nos toca vivir (en la única universidad pública del país) y como joven salvadoreño, deudor del proceso de guerra que ha marcado los derroteros de nuestra nación en las casi cuatro décadas recién pasadas, deseoso de recoger la herencia de lucha y pensamiento crítico que nos han legado las generaciones anteriores.

 

Sin más preámbulo, me limitaré a tocar tres puntos que llamaron especialmente mi atención al leer Con sueños se escribe la vida.

 

 

Educación liberadora

Los sucesos narrados por Sánchez Cerén acerca de las luchas gremiales de las décadas del sesenta y el setenta, en los que incluye su recorrido político en el poderoso movimiento magisterial andes 21 de junio, bien pueden ser una medida del clima revolucionario que se respiraba en aquella época. En ese contexto, por ejemplo, las reivindicaciones gremiales, según cuenta Sánchez Cerén, venían determinadas no solamente por las precarias condiciones en las que laboraba el magisterio, sino por la obligación moral que les imponía el conocimiento y la discusión de propuestas pedagógicas como las de Paulo Freire, que exigían trascender la repetición mecánica de datos e informaciones y pasar a la construcción de pensamiento crítico y conciencia social en los estudiantes. La dignificación docente no se limitaba, pues, a lo puramente económico, estaba aparejada con la posibilidad de transformar el sistema educativo nacional. Esta primera lección de vida me parece valiosa en el contexto salvadoreño educativo actual, especialmente en nuestro contexto universitario, donde muchas veces hemos visto con decepción que las luchas gremiales quedan ancladas en el aspecto salarial.

 

 

Insurrección de 1932 como referente

A principios de los setenta estaban por cumplirse treinta años de la insurrección y la matanza de 1932 en el occidente de El Salvador. Sánchez Cerén asegura que los debates sobre el impulso de la lucha armada abarcaron en un primer momento las interpretaciones sobre los hechos de 1932. Con seguridad, aunque no queda expreso en el libro, aportes como los de Roque Dalton y Jorge Arias Gómez pudieron haber servido como puntos de arranque para aproximarse a los pormenores de la insurrección y al trayecto de revolucionarios como Farabundo Martí y Miguel Mármol. La afirmación de Sánchez Cerén además coincide con el fuerte contenido simbólico de que las Fuerzas Populares de Liberación (fpl) adoptaran el nombre de Farabundo Martí. De modo que la memoria de aquel proceso desgarrador fue una tarea activa en la izquierda de aquellos días. No es ocioso decir los referentes del pasado son tanto o más importantes que las ideas que rigen el presente de los pueblos.

 

 

Debates sobre el desarrollo de la vía armada

La discusión sobre las vías de lucha social también ocupa un espacio entre los relatos de Sánchez Cerén, especialmente el debate concerniente al impulso de la lucha armada en el país, del que ya da cuenta la referencia a 1932 que he mencionado.

 

Como se sabe, a finales de los sesenta y principios de los setenta existía una discordancia central entre los movimientos guerrilleros en ciernes y el Partido Comunista de El Salvador (pcs). Mientras los primeros ya se estaban constituyendo como fuerzas militares, el segundo no se decidía a entrar de lleno a la tarea de construir un ejército revolucionario.

 

No obstante, en modo alguno el pcs se negaba secamente a entrar en la lucha guerrillera. La experiencia gremial de Sánchez Cerén en su natal Quezaltepeque da cuenta de la complejidad de la discusión y de las situaciones concretas que se producían como consecuencia del debate.

 

El pcs, desde su quinto congreso, en el año 1964, aceptaba que la lucha armada era la línea fundamental para la transformación social en El Salvador. Y desde 1961-1962 se encontraba preparando cuadros militarmente para emprender la lucha guerrillera, pero no fue hasta 1978-1979 cuando por fin esa postura tomó concreción en esa ala de la izquierda salvadoreña.

 

Como profesores organizados, Sánchez Cerén y otros compañeros establecen contacto el pcs y comienzan a desarrollar la idea de fundar una célula del Partido en el municipio, pero ante las respuestas evasivas del intermediario del pcs acerca de cuándo comenzar la preparación militar, la iniciativa fue perdiendo fuerza. La lucha gremial avanza y entre 1970 y 1972 Sánchez Cerén pasa a ser dirigente departamental, gracias a eso establece contacto directo con las fpl. El grupo de profesores organizados se convierte en grupo de apoyo de la organización guerrillera.

 

Las fpl venían desarrollando la línea militar desde finales de los sesenta; se discutía álgidamente el modo en que el movimiento guerrillero debía vincularse con la población, con las masas organizadas.  De estos debates también participó activamente Sánchez Cerén. No son pocas las conclusiones y los aportes que la lectura de su libro puede legarnos hoy para el estudio de las transiciones entre lucha partidaria, lucha gremial y lucha armada.

 

 

El desarrollo y la recuperación de la memoria es un asunto de primer orden en un país como El Salvador; cobra mayor peso y sentido en la Universidad de El Salvador, nuestra Universidad pública. La apertura de nuevas carreras en el ámbito de las ciencias sociales, el impulso decidido a la investigación científica, en especial al estudio riguroso de los procesos históricos y culturales, son hechos consumados en la Universidad desde 1999. Las nuevas autoridades universitarias no deben abandonar bajo ningún pretexto estas iniciativas. Además de ser proyectos académicos consecuentes con la realidad nacional, son hechos de gran trascendencia política para el país.

 

Sánchez Cerén afirma que nació, desarrolló su juventud y sus sueños en la etapa más oprobiosa de nuestra historia. Y eso, tristemente, es cierto. Pero quizá esa ha sido también la etapa más heroica y más comprometida de nuestra historia. Los jóvenes universitarios le apostamos a retomar esa herencia transformadora con espíritu crítico, con auténtica visión universitaria, científica, porque desde la ciencia también se hace política. Se hace política al modo universitario.

 

 

* Con algunos retoques y agregados, se publica el comentario que estuvo a cargo del poeta e investigador literario Pablo Benítez en la presentación del libro Con sueños se escribe la vida, de Salvador Sánchez Cerén, en la Universidad de El Salvador el 27 de febrero. El autor agradece una vez más a Saúl de Paz, director de la Librería Universitaria, por su gentil invitación.

 

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